La piel tras el verano.

Tras los meses de verano y a consecuencia del sol, el exceso de calor, el salitre del mar, el sudor… nuestra piel puede presentar irritaciones, sequedad y falta de elasticidad. Esto tiene su justificación por varios motivos.

En cualquier caso no todo es negativo, los efectos de la luz solar y la sal del mar también tienen sus beneficios y es bueno conocerlos.

En primer lugar los rayos UV del sol ayudan a producir vitamina D en la piel lo que permite que nuestro cuerpo absorba el calcio y el fosfato de los alimentos siendo ambos minerales  vitales para tener los huesos sanos. Hemos de ser conscientes que pequeños “baños de sol” de  5 o 10 minutos, dos o tres veces por semana, son suficientes para reponer los depósitos de vitaminas.

Además  y  en su justa medida, los rayos UV mejorarán de forma significativa el acné, la psoriasis o el vitíligo.

Con la luz del sol se mejora igualmente la calidad de la sangre por la vasodilatación, reduciendo la presión arterial, aumentando el número de glóbulos rojos y por tanto, su capacidad para el transporte del oxígeno a todas las células del organismo.

Los rayos UV aumentan la producción de la serotonina, un neurotransmisor relacionado con la sensación de bienestar que también interviene en la regulación del sueño, la temperatura del cuerpo y la conducta sexual.

De igual modo actúan sobre la hormona de la melatonina aumentando sus niveles, lo que regular el ciclo de sueño.

Por otro lado, un baño en el mar puede mejorar afecciones de la piel como el acné, la psoriasis o la dermatitis atópica. El secreto es su composición, pero no sólo por la sal sino por los demás elementos que la componen y que proporcionan un efecto antiinflamatorio y antibiótico.

Unir a todo ello que el agua salada posee un importante número de oligoelementos como el sodio, yodo, zinc o potasio, que actúan como curativos.

Pero…  también el exceso de todo ello y en verano es fácil excederse… puede provocar daños en la piel.

En primer lugar los rayos de sol pueden  reducir la elasticidad de la piel y aumentar su flacidez  o puede arrugarse con pequeñas líneas de expresión y afinarse en su conjunto.

De igual modo la sal del mar puede provocar irritación en la piel  además de  sequedad y deshidratación.

El sudor supone pérdida de hidratación y el aire acondicionado exceso de sequedad por la reducción de humedad en el ambiente.

También podemos acabar aumentando los llamados ‘radicales libres’: unas moléculas inestables que destruyen las proteínas en las capas más profundas de la piel, causando daño celular.

Todos estos efectos en su conjunto se traducen en daños puntuales en la piel que con un correcto y rápido abordaje, pueden reducirse y corregir sus consecuencias.

No olvides que la piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y que aunque en nuestra sociedad tiene un gran componente estético, no deja de ser quien nos protege de alérgenos, bacterias y sustancias químicas y  su correcto funcionamiento depende de un buen cuidado.

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